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12 años de cárcel a hombre que violó a su hijastra durante seis años

Un hombre fue condenado por la Justicia provincial a cumplir la pena de 12 años de prisión por haber abusado sexualmente de su hijastra desde que ella tenía 10 años de edad y a partir de ese momento durante seis años en forma ininterrumpida. Producto de uno de estos hechos aberrantes, la menor quedó embarazada y en junio de 2008, cuando tenía 14 años de edad, dio a luz a su hija. El fallo pertenece a los jueces de la Cámara Segunda en lo Criminal y fue resultado del juicio que bajo la modalidad abreviada tuvo lugar en los Tribunales de la provincia el pasado 21 de este mes. El condenado es un productor agropecuario de 52 años de edad que nació en la localidad de Potrero Norte, en el interior de nuestra provincia, pero los hechos ocurrieron en Colonia Alto Alegre, jurisdicción de Comandante Fontana, entre los años 2004 y 2012, donde vivían conformando un grupo familiar el abusador, su concubina y la hija de ésta, además de otros hermanos de la víctima. Al momento del juicio, el acusado reconoció ante el Tribunal haber sido el autor material de los hechos consumados en perjuicio de la hija de su concubina, comprobándose que los abusos comenzaron cuando la niña tenía 10 años de edad, en el año 2004, y se prolongaron hasta cumplido los 16 años. Si bien la autoría del acusado no fue una cuestión discutida por las partes del proceso, dado que la Defensa se allanó a los términos que en tal sentido formuló la Fiscalía, el Tribunal hizo una minuciosa valoración de las pruebas reunidas a lo largo de todo el proceso, encuadrando su conducta como autor material de los delitos de abuso sexual con acceso carnal agravado y reiterado, en concurso ideal con corrupción de menores agravada. Los hechos Al hacerse la reconstrucción histórica de los hechos pudo probarse que durante los primeros años de vida la menor vivió en conjunto con su madre en la localidad de Potrero Norte. Con posterioridad, su progenitora estableció una relación de concubinato con el ahora condenado, y por este motivo tuvieron que mudarse a vivir a la Colonia Alto Alegre, jurisdicción de Comandante Fontana. En la casa familiar cohabitaban, la menor víctima, su hermano y su madre; su padrastro y otras tres hijas biológicas de éste último. Los abusos por parte de su padrastro se llevaron a cabo en la propia vivienda y en un campo contiguo, y consistían primeramente en tocamientos en distintas partes del cuerpo por encima de la ropa para luego hacerlo por debajo en sus zonas pudendas, cada vez que su madre se trasladaba hasta Fontana para percibir su pensión de “Jefa de Hogar”. En determinadas ocasiones la mujer retornaba al hogar en el mismo día, pero en distintas circunstancias se quedaba allí hasta por un término de dos días, por lo que la víctima y su hermano quedaban en Colonia Alto Alegre. Según relató la víctima, después de cada abuso siempre era amenazada por su padrastro, diciéndole este que si le contaba algo a su madre o a sus hermanos, podía llegar a matarla y luego desquitarse con los demás integrantes de la familia. Todo esto transcurrió en un ambiente de severa hostilidad, ya que el hombre castigaba físicamente no solo a las niñas, sino también al hermano de la víctima e incluso a su madre, a quien golpeaba con inusitada violencia. La propia víctima contó a la Justicia que con anterioridad a dar a luz, ella había quedado embarazada en dos ocasiones, producto de los reiterados abusos de su padrastro. En ambas ocasiones fue obligada a abortar siendo muy pequeña, cuando apenas tenía 12 años de edad. La tercera vez el abusador no logró su cometido y en junio de 2008 dio a luz a su beba. Un año después del parto, el hombre retomó sus prácticas abusivas, por lo que en el año 2012 la joven decidió abandonar la vivienda familiar, dirigiéndose a trabajar a la localidad de Ibarreta y luego a la capital provincial, donde finalmente pudo acudir a la Justicia y relatar el calvario que le había tocado vivir. El ambiente de violencia y terror que había creado el agricultor en la casa quedó probado por el contundente y esclarecedor relato que hicieron los hermanos de la víctima, quienes contaron que su padrastro siempre le pegaba mucho a su madre y también a ellos mismos, usando golpes de puño, varillas, chicotes y hasta un machete. Los testigos también observaron varias veces que el hombre iba solo con la víctima hasta el campo contiguo y en otras oportunidades también con otra hermana. ADN confirmó paternidad del abusador Asimismo, los informes realizados por la Secretaria de la Mujer y el Cuerpo Médico Forense del Poder Judicial revelaron que la víctima presentaba todos los síntomas de haber padecido abusos crónicos: estrés postraumático, indicadores de vergüenza, ira no enfocada, ansiedad, vulnerabilidad y falta de paz. A nivel físico tuvo problemas de incontinencia urinaria, trastornos de sueño, cambio de hábitos alimentarios; a nivel psíquico miedo, vergüenza, culpa y depresión, comportamiento antisocial, falta de atención y de concentración, pérdida de confianza, falta de autoestima y en el área social dificultades escolares y comportamiento antisocial. Pero la prueba más esclarecedora fue la hija que nació producto de los abusos consumados en perjuicio de la menor, algo que quedó científicamente acreditado con los estudios de ADN que concluyeron, con una probabilidad superior al 99,99 por ciento, que la niña es hija del violador. La Defensa del acusado pidió que se le imponga el mínimo legal en este tipo de delitos, pero los camaristas desecharon esta posibilidad, al tener en cuenta las circunstancias en las que se cometieron tan aberrantes hechos, es decir, en ausencia de la madre de la víctima, aprovechando justamente que en ese momento se incrementaba su deber de cuidado sobre los menores, aumentando el estado de indefensión de la víctima, y obviando totalmente su función como guardador, procedía a someterla. Los jueces también consideraron tanto la edad de la víctima -10 años- como la del victimario, tratándose de un hombre adulto que comprendía la criminalidad de sus actos y que por su madurez debía comportarse con responsabilidad hacia quienes había reconocido incluso como hijos propios. También merituaron la violencia inusitada con la que llevaba adelante sus actos perversos en contra de la menor, maniatándola, amordazándola y golpeándola con cuanto elemento contundente tenía a su alcance. A la vez, los jueces no soslayaron el hecho de que producto de uno de estos abusos nació una hija de ambos, además de la tremenda violencia familiar que constituía el escenario donde estos hechos de abuso sexual y corrupción de menores se desarrollaban, siéndole también desfavorable al acusado el pronóstico de peligrosidad que reveló el informe psicológico practicado oportunamente. El fallo -Nº 10544- pertenece a los jueces Ricardo Fabián Rojas, María Nicora Buryaile y Lilian Fernández (subrogante), en tanto intervino como fiscal del juicio Norma Zaracho y como apoderado de la Querella, Luis María Zapiola. Ejercieron la Defensa del condenado Noelía Violeta Servin de Bassi y José Joaquín Scoffield (h)

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