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Un paro gremial, un hito político

La administración de Cristina Elizabeth Fernán­dez de Kirchner enfrentará hoy el tercer paro general de trabajadores desde que asumió en el año 2007. De hecho, es la tercera medida de fuerza de magnitud que las centrales obreras de corte opositora le hacen al régimen kirchnerista, que se ins­taló en el poder en mayo de 2003 y hasta junio de 2012 no supo de ninguna huelga nacional.
Para encontrar algún antecedente similar es necesa­rio remontarse a junio de 2000 cuando Rodolfo Daer lanzó una huelga de 48 horas en reclamo de mejoras salariales, que fue secundada por Hugo Moyano. Por aquel entonces gobernaba Fer­nando de la Rúa al frente de la Alianza, que resultó un fiasco político. La protesta tuvo un alto impacto y marcó el derrotero de la gestión radical.
La Argentina atravesaba un momento complicado desde lo económico, la Alianza tambalea­ba en el poder y Moyano anun­ció un paro general de 48 horas para el 9 de junio en reclamo de una reforma laboral. Así, luego de muchos años, choferes de ca­miones y transportes públicos y privados, y empleados estatales, entre otros, hicieron sentir el paro en el país, dándole un duro golpe a la alianza electoral que había sucedido a Carlos Menem.
Dos años después, en mayo de 2002 y con Eduardo Duhalde como presidente, Moyano anunció una medi­da similar que finalmente no se llevaría a cabo. Duhal­de pidió la suspensión de la medida de fuerza, a lo que Moyano respondió: “Nunca suspendimos un paro”. Sin embargo, la huelga se postergó y nunca se realizó.
Desde entonces hasta la ruptura de Moyano con los Kirchner en 2011 el sindicalismo nacional fue compla­ciente con la Casa Rosada gobernada por el matrimo­nio patagónico. Con la llegada de Néstor Carlos Kirch­ner al poder, el 25 de mayo de 2003, el perfil combati­vo de la CGT cambió: la central obrera se unificó y se produjo un acercamiento a la nueva gestión, que duró hasta el quiebre.
La muerte de Kirchner (en octubre de 2010) marcó el alejamiento definitivo, pese a los gestos del camio­nero, que mandó una nota a la viuda en la que decía: “Después de Perón y Eva Perón, nadie le dio tanto a los trabajadores como Néstor Kirchner”. La relación, sin embargo, no tenía retorno. Nunca fue del agrado de CFK y por eso no demoró en madurar el primer paro general que llegó el 25 de junio de 2012 y que se repitió el 20 de noviembre de ese año ya con la Central de los Trabajadores Argentinos (CTA) como acompañante.
El 2013, un año de intensa actividad electoral, transcurrió sin huelgas generales, pero con diver­sas medidas de fuerzas de carácter sectorial y mo­vilizaciones al Ministerio de Trabajo que realizaron en conjunto la CGT Azopardo -que conduce Moyano- y la CTA opositora -que timonea Pablo Micheli-. En marzo último el tán­dem sindical volvió a repetir la marcha de protesta y anunció el llamado a un paro general que se concretará hoy con el acompaña­miento de la CGT Azul y Blanca, que conduce el gastronómico Luis Barrionuevo (también opo­sitor), más los partidos y movi­mientos sociales de izquierda.
El presagio es que será una me­dida fuerte, contundente. Hasta el titular de la CGT oficialista, Antonio Caló (que no participa) admitió que se hará sentir. “Va a ser gran­de”, vaticinó. La adhesión de los sindicatos que repre­sentan a los trabajadores del transporte -automotor, ferroviario y aéreo- garantizan un problema para los que quieren concurrir a sus trabajos.
Seguramente, las inasistencias se multiplicarán por el impedimento para viajar. Por eso el jefe de Gabinete, Jorge Milton Capitanich, salió ingenuamente a plan­tear que sin la adhesión del transporte el paro no se­ría lo mismo. “La huelga de los gremios del transporte impide determinar el verdadero impacto que tendrá la medida de fuerza”, dijo el chaqueño como si fuese posible desarticular la protesta, descartando sectores, según la conveniencia del Gobierno.
Como sea, la medida tiene más allá de los reclamos puntuales una connotación política que será imposi­ble de soslayar para la Casa Rosada. Marcará la recta final de la gestión. 

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