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Saber interpretar la educación

Finalizada la Guerra Fría a fines de los ‘80, los paí­ses desarrollados empezaron a medir sus fuer­zas dejando de lado la carrera armamentista y nuclear. La nueva proyección fue la educación, la evolución de sus sistemas educativos desde los nive­les iniciales hasta los universitarios, es lo que empezó por entonces a definir el perfil de sociedad: su desarro­llo económico, cultural y hasta se podría decir creati­vo. Las administraciones del llamado primer mundo, actualmente sacudido por tormentas financieras, desde hace más de veinte años se fijaron que para lle­gar al desarrollo como comunidad no hay secreto que develar. La educación erradica la marginalidad, por ende los nive­les de delincuencia y de pobreza descienden. Pero hay que armar programas de inclusión que no se agoten en atajos llamados planes sociales que sirven para tiempos de incendios. El país y la provincia los suelen tener cíclicamente pero la salida es otra y es una salida di­fícil porque toma tiempo.

Claro que para llegar a eso se deben crear políticas a largo pla­zo. Para que se entienda. Que el gobierno que las ejecute no verá los resultados porque esos frutos madurarán en un lapso mínimo de veinte años. Con esta explicación se comprende por qué en Argentina y en Corrientes cues­ta que se apliquen medidas de semejante magnitud, con una mira largoplacista.

Corrientes, atravesada por su detenimiento en el tiempo y su imposibilidad de decidirse a ingresar a los cambios, puede fotografiarse con los últimos datos de la Universidad Nacional del Nordeste (Unne), cuyas principales carreras universitarias tienen sede en la Capital provincial. De hecho, el Rectorado, organismo conductor de la Unne, está aquí. La contundencia de los números es un buen muestrario.

En 2009 hubo 18 mil jóvenes inscriptos repartidos en 8.332 varones ante 9.668 mujeres; una tendencia que se mantiene hasta ahora. El año pasado se registraron 15.826; los varones sumaron 6.811 y las mujeres 9.015.

La merma en el número de inscriptos es importan­te sobre estos datos oficiales, la universidad explica la baja en la apertura de facultades en provincias vecinas. La migración de centenares de miles de chicos y chicas entre las capitales del NEA, también es una constante de los últimos años.

Un pico de anotaciones para carreras de nivel supe­rior se dio en 2010. Es muy llamativo, alcanzó un to­tal de 20.220 jóvenes. Varones 9.564 y mujeres 10.056. Como se advierte, se mantiene la tendencia marcada anteriormente y que se dará en los resultados. Son más las mujeres que egresan de las carreras universitarias siempre dentro de la Unne.

La medición en ese sentido es considerablemente interesante. En 2009 se recibieron 3.032 alumnos de diferentes facul­tades, 1.174 varones ante 1.858 mu­jeres. En 2010 fueron 2.952, 1.210 varones y 1.742 mujeres.

Para 2011 la tendencia bajante de egresados se mantuvo: unos 2.910 alumnos terminaron sus estudios superiores: varones 1.196 y muje­res 1.714. También la universidad informó oficialmente que la mer­ma en las inscripciones se da en el caso de los hombres no así para las mujeres. Los resultados de egresa­dos 2012 y 2013 aún no están dis­ponibles en la página oficial de la Unne pero la contun­dencia de los guarismos es una interesante foto.

Radica allí la preponderancia de los niveles inicia­les: primario y secundario, la base de construcción de una sociedad que aspire a superarse. Lamentable­mente Corrientes no es la única jurisdicción del Norte con altos porcentajes de repitencia y deserción esco­lar. Solamente con la puesta en marcha de la Asigna­ción Universal por Hijo esos porcentajes volvieron a subir tironeados por un plan social. Si alguna vez esos programas dejaran de existir, ¿qué pasaría con los niños y jóvenes? ¿Seguirían yendo a la escuela? Por eso es importante políticas que atraviesen, como se indicó más arriba, los atajos. Apurar a una madre a enviar a su chico al colegio para acceder a un plan so­cial es motorizar algo que es una obligación y derecho a cambio de dinero. Como si ambas cosas fueran una mercancía. Ese es el problema de interpretar la educa­ción a un mínimo plazo.

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