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Pasó la crecida del Pilcomayo, pero quedó el sedimento

Pobladores del oeste formoseño comenzaron a sentir los efectos de las crecida y desbordes del río Pilcomayo en le mes de Febrero afectando a más de 4.000 formoseños, mayoritariamente de comunidades aborígenes, “pero ahora queda lo peor: el sedimento” dijo hoy a Télam Luis María de la Cruz, estudioso de la cuenca en la zona fronteriza entre Argentina, Paraguay y Bolivia.

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La situación de la comunidad de El Churcal y los tobas del paraje Sombrero Negro del departamento Bermejo “es desesperante”; porque “el sedimento que queda de las inundaciones de los meses de febrero y marzo” avanzó sobre escuelas, casas y pequeñas estructuras de emprendimientos agropecuarios.

“Hay más de 80 centímetros de sedimentos por sobre el suelo natural. Es el barro que trae la inundación. En tiempos de creciente, los sedimentos en suspensión superan el 30% del volumen desplazado. O sea, entre 60 y 70% es agua y entre 40 y 30 % respectivamente, es tierra (barro). Cuando el agua baja, sin velocidad o muy lentamente, los gránulos de arcilla se depositan y dejan esta situación, que coloquialmente llamamos “enlame”, explicó de la Cruz.

En el caso de los cauces, también pueden haber palos (vegetación), por la fuerza del arrastre; pero en el caso de los desbordes laminares, en general es solo tierra.

En el centro de evacuados de la zona afectada, a unos 600 kilómetros de la capital norteña, alrededor de 1500 personas son asistidas por el gobierno provincial, “pero algunas familias están volviendo a sus lugares de orígen buscando nuevos sitios para asentarse”.

 

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