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La “cosa” y el afán de refundación

La soberbia es seguramente una de las formas de expresión más refinadas que tiene la estupidez. En la política -especialmente en Corrientes- hay de sobra. La altivez, inconmovible, que exhiben algunos dirigentes incluso después de haber derrapado hasta terminar con las patas sumergidas en el barro, es merecedor de señalamiento. No con motivo de mofa o menosprecio, sino para demarcar el riesgoso camino de precipicio que representa la autosuficiencia y que casi siempre conduce a un pantano. Nunca es sencillo salir del terreno pantanoso.
Lo acaba de sufrir el intendente capitalino Roberto Fabián Ríos con la polémica bandera de la ciudad que pretende instituir y que, según dice, no es un símbolo, sino algo indescifrable que no supo explicar bien en qué consiste. El Jefe Comunal no pudo encerrar en una definición ese proyecto que se parece a una bandera, que fue presentado como bandera, pero que -afirma- no es bandera.
El nudo del problema no es la dislexia conceptual del Intendente sino su cerrazón para entender y medir los procesos históricos, la alegoría simbólica que se define con el devenir y el resultado de los acontecimientos y el origen de la legitimidad. Además, pone al descubierto una raquítica concepción del modelo de participación ciudadana como paradigma del sistema democracia.
Sin embargo, esto no es lo más grave. Lo peor es que el kirchnerista Fabián Ríos abjura de la actual Bandera de la Provincia de Corrientes, que va camino a cumplir dos siglos de vigencia. Nació en 1821 como fruto de un Congreso Constituyente.
En su peculiar visión, el Intendente considera que la “cosa” -no es bandera ni símbolo- que surgió del concurso público recientemente realizado tiene “mayor legitimidad” que la Bandera de la Provincia de Corrientes, cercana al bicentenario.
Para el ingeniero el concurso público, organizado por la Municipalidad, tiene mayor jerarquía que un Congreso Constituyente realizado en tiempo de la organización provincial y nacional. El pabellón fue creado por Ley provincial y las modificaciones que se le introdujeron con el paso del tiempo se concretaron mediante leyes o decretos. Ríos supone que el voto (que hoy está en duda) del jurado que conformó tiene igual peso que el de congresales constituyentes. Que la resolución de un concurso es igual a una Ley o que una ordenanza es superior a un decreto.
Evidentemente, la pirámide jurídica no se enseña en la carrera de Ingeniería. Debería. Algunos de sus alumnos luego se convierten en gobernantes.
Ayer, el Intendente mandó una nota al Concejo Deliberante solicitando contemplen incorporar la Cruz fundacional al diseño de la “cosa” -que no es bandera ni símbolo- que acaba de resultar ganadora de un concurso, donde los jurados eran un par de chamameceros, un cura recitador y unos técnicos en ceremonial.
Para algunos, la resignación de Ríos a aceptar la Cruz constituye un triunfo. Nada más obtuso que ese pensamiento. Suponer, como parece es la suposición del Intendente, que la discusión central es por la presencia o no de la Cruz es un reduccionismo intolerable. Mancilla la institucionalidad que debe ser el marco de la puesta en vigencia de un elemento -bandera, símbolo, “cosa”- que representara a la ciudad y a su gente.
El Intendente está obligado a velar por esa institucional, con los dichos, con los hechos, incluso con los gestos. Sin embargo, como todo el kirchnerismo, don Roberto Fabián Ríos tiene la obsesión de refundar la República (en este caso la República llamada Corrientes) conforme a un criterio que imagina participativo y por tanto democrático, aunque no reúna las condiciones de tal.
El proyecto, es unidireccional, no tolera el disenso y cuando finalmente se rinde ante él lo hace renunciando al indispensable respeto que se merecen los símbolos verdaderamente consagrados. La discusión por la presencia de la Cruz es a estas alturas anecdótica frente al desvarío institucional.
La carta que llegó ayer al Concejo Deliberante es el ejemplo palmario. Una genuina muestra de soberbia.s

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