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“La artesanía permite que convierta en objetos lo que imagina mi mente”

 

Para muchos, la artesanía es parte de su vida y gracias a ella tienen la posibilidad de llevar adelante un hogar. Para otros en cambio, este trabajo artístico no es más que una oportunidad para dejar volar la mente y trans­formar en diferentes pro­ductos aquellas ideas que hasta ese momento, sólo formaban parte de su inte­rior. Éste es el caso de Ingrid Robin, una joven esposa y madre que a través de sus manos logra dar vida a su imaginación. “Todo lo que hago primero lo diagramo en mi cabeza y no paro hasta que lo consigo tal cual me lo imaginé”, dijo a NORTE de Corrientes. Otras veces, ve algo que le gusta y lo copia.

“Hago de todo lo que se me ocurra y tenga ganas. Depende mucho también del tiempo del que dispon­go, pero cuando encuentro un lugarcito me siento, bus­co los materiales y manos a la obra”, explica.

Si bien utiliza varios ma­teriales, la porcelana fría es lo que más le gusta y conoce; materia prima que comple­menta con troncos, ramas de árboles u otros elementos que le permitan acercarse al diseño que busca.

Si bien realiza desde aros y collares hasta cajas de madera talladas y pintadas, souvenirs de todo tipo, cua­dros, muñecas de pared y todo lo que se pueda imagi­nar en cuanto a este tipo de artesanías, Ingrid reconoce que tiene una debilidad y son las figuras gauchescas.

Según explicó la joven ar­tista, la idea de realizar los gauchos nació hace poco más de siete años cuan­do residía en la localidad de Curuzú Cuatiá. Hasta la sucursal del cielo se había trasladado con su fami­lia por razones laborales y como estaba embarazada comenzó a buscar activida­des que le permitieran pasar el tiempo mientras su espo­so trabajaba. “Lo que hice es ir a la artística, comprar una revista de porcelana fría y cuadros como así también los materiales y empecé a experimentar”, recuerda al momento que no puede de­jar de mencionar que el pri­mer muñeco que hizo fue un tanguero, personaje que de­bió realizar tres veces hasta que quedó como le gustaba.

“El primero de ellos esta­ba muy flaco y el segundo muy bajo, recién el tercero tenía una forma parecida a lo que quería. En realidad quedó de diez, es más, na­die podía creer que lo había hecho y eso me animó a ha­cer con el tanguero las bases de otros personajes como los gauchos”, dijo. Para los gauchos -explicó-, copió las poses de los almanaques de Molina Campos.

Más allá del trabajo que realiza, Ingrid comenta que le encanta la figura de los gauchos. “Creo que son personas criadas a la vieja usanza, con mucho cono­cimiento de nuestra tierra y educados con virtudes de personas que merecen res­peto. Me apasionan”, afir­mó y se lamentó no haber podido estudiar más para moldear algunos de mayor tamaño. “Hasta ahora todos los que hice son del mismo tamaño”, explicó sin dejar de lado la posibilidad de se­guir perfeccionando su arte en algún momento.

Cada uno de estos perso­najes le puede llevar varios días. Todo depende -como ella misma lo afirma- del tiempo que tiene y del cli­ma. “Por ejemplo ahora me puse a hacer unos hermo­sos personajes y todavía no los termino por la gran humedad que reina en el ambiente y por ende, no se orea la porcelana. Pero, generalmente tardan en­tre 4 o 5 días. Todo depen­de del secado”, recalcó en el momento que explicó a NORTE de Corrientes el procedimiento de su reali­zación.

Para ella esta tarea es una pasión. No vive de ello ni la utiliza para comercializar sus pequeñas obras de arte que son únicas ya que no hace dos iguales. Es más, está segura de no haber ven­dido uno solo de sus muñe­cos, “puedo decir segura que los regalé a casi todos”, dijo con la enorme sonrisa que la caracteriza.

Otro punto por el cual le gustaría poder seguir estu­diando porque hoy siente que su actividad es muy amateur por lo que, más allá de sus hábiles manos, siente que no está lista para tomar grandes compromisos. “Soy muy perfeccionista y no quiero presentar un trabajo que no me guste. Prefiero se­guir regalándolos hasta que esté segura”, dijo.

Es más, comentó: “Hago souvenirs para los conoci­dos porque tengo miedo de que me salgan mal y no les guste o fallar porque no me dieron los tiempos. Me gusta que si hago algo para alguien ese alguien quede impresio­nado o conforme con mi trabajo”, recalcó la artista que en sus momentos y es­pacios sorprende con sus creaciones.s

ESTA OBRA REFLEJA EL CAMINO DE UN VIEJO CARACOL.

LA ARTISTA RESPETA AL HOMBRE DE CAMPO.

LAS CAJAS DE MADERA TAMBIÉN SON SU ESPECIALIDAD.

Cada uno de sus muñecos le lleva entre cuatro y cinco días de confección, depende del clima y de su tiempo.

Cada uno de los trabajos que presenta Ingrid Robin, tienen mucho de su interior. Son obras únicas que la representan en su capacidad de buscar la perfección a través de sus manos. Y a tra­vés de ellas, su mente encuentra un espacio para sí misma. Reco­noce que es su manera de alejarse de aquellas cosas cotidianas que no hacen bien al cuer­po ni al alma. Las arte­sanías son, sin lugar a dudas, la vía de escape de esta correntina que está segura, en algún momento se animará a ofrecer sus obras a quienes lo soliciten más allá de la familia y los amigos.

LOS GAUCHOS, SU GRAN DEBILIDAD.

LOS SOUVENIRS TAMBIÉN FORMAN PARTE DE SU ARTE.

 

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