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Harán inspección ocular en pabellón del penal donde mataron a líder bailantero

El Tribunal Oral Penal Nº 1 dispuso ayer reali­zar una inspección ocu­lar en la celda de la cárcel de condenados donde en noviembre de 2004 el reo Carlos Soto, un empresa­rio vinculado a la música tropical conocido como “El rey de la bailanta”, fue brutalmente asesinado.

La diligencia se llevará a cabo el próximo jueves 3 de abril en la Unidad Peni­tenciaria Nº 1 de la capital correntina, en el marco del juicio oral y público que tiene como único acusado al recluso Vicente Luis Ca­ballero, procesado por el delito de homicidio doble­mente agravado.

En tanto, en la audiencia de ayer declaró el último testigo. Se trata de Esteban Celes, un ex preso que en el momento del crimen se encontraba en el sector de sanidad de la cárcel. El tes­tigo había sido requerido por el fiscal del juicio, Car­los Lértora, luego de que otro reo que ya había com­parecido anteriormente en el debate había declarado que días después del mor­tal ataque a Soto, vio que Ramón María “Arnold” Centurión -reo fallecido en 2007 en una matanza en el misma unidad penal- se habría asomado a una pequeña ventana de la en­fermería y le dijo a Celes: “Ya hicimos lo que tenía­mos que hacer”.

“Eso es mentira. Había una ventana muy pequeña en la enfermería donde yo estaba. Además, luego de lo que pasó (por la muer­te de Soto), a ellos (en re­lación a los sospechosos, ‘Arnold’, Carlos Tuama -también fallecido en 2011 en otro hecho sangriento en la cárcel de San Cayeta­no- y Caballero) recibieron un castigo por 30 días”, dijo el testigo.

Ante los jueces Rafael Escarlón, María Elisa Mo­rilla y Eduardo Panseri, el ex reo Celes aseguró que el día del ataque sólo vio gen­te corriendo y tumultos.

Con este testigo se ce­rró la etapa testimonial y luego de la diligencia del próximo jueves, el tribunal fijará fecha para el turno de los alegatos y dictar sentencia.

En la primera audien­cia el acusado rompió el silencio y se declaró ino­cente.

En esa oportunidad Ca­ballero se desligó de toda responsabilidad sobre lo ocurrido el 19 de noviem­bre de 2004. “Esa no era mi guerra. Era una pelea que comenzó desde antes entre Soto y Tuama”, pre­suntamente por la viola­ción y brutal asesinato de una anciana de apellido Feliceti, por el cual este úl­timo había sido condena­do a prisión perpetua en el año 2000.

La víctima en esta cau­sa, Carlos Soto, era dueño de los negocios internos de entonces, de las salidas para robar, del reparto de la droga y alcohol y de ma­nejar desde su celda buena parte de las bailantas de la ciudad, y además hasta ha­bía trascendido que oficia­ba de “prestamista”. s

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